Bienvenido a Café Central Málaga

Bienvenido a Central Málaga
A la hora de fijar una fecha de inauguración o creación del Café Central, no la hemos conseguido determinar con exactitud, no obstante, sí disponemos de un documento que da testimonio de su existencia ya en 1910 y en el que se anunciaba una actuación artística en el mismo. Por tanto, es una cafetería que ya ha superado los 100 años y que confiamos llegará a cumplir otro siglo más. La actual planta del Café Central es la unión de tres cafés centenarios, el Café Suizo, que estaba ubicado en la esquina de la Plaza de la Constitución con Calle Santa María y era muy pequeñito, el Café Múnich que ocupaba el lugar que hoy en día ocupa nuestra bodeguilla en la recoleto Pasaje de Chinitas y que fue coetáneo a mítico establecimiento al que García Lorca dedicó su poema “En el Café Chinitas” y del que se han hecho multitud de versiones cantadas. El ambiente que se respiraba en el Café Múnich era similar al mencionado, con multitud de tertulias sobre flamenco y toros. Entre ambos se situaba el Café Central el cual era un bar estrecho con un salón al final.

 

 

Tras la guerra civil española (1933-1936), Don José Prado Crespo vuelve a Málaga y tras un periodo en el que trabajó como taxista, hacia 1940 pasa a dedicarse a la hostelería llegando a montar varios negocios. Además de los locales mencionados anteriormente, también estuvo al cargo de negocios como Bar La Viña o La Viña Chica. Fue por entonces cuando D. José, tras alquilar varias veces los distintos locales, pudo ir adquiriendo poco a poco los tres cercanos a la “Plaza de José Antonio Primo de Rivera” (actual Plaza de la Constitución), y unirlos finalmente en 1954 bajo la denominación del que por aquél entonces estaba teniendo más éxito: el Café Central. En estos años es cuando D. José inventa la peculiar forma de pedir el café en Málaga y que continúa aún hoy en día. Muchos de nuestros mayores todavía recuerdan cuando el Café Central cerraba sólo una hora de madrugada para limpiar y volvía a abrir nuevamente sus puertas. Eran tiempos de copla, de actuaciones en directo y tertulias… Tiempos en los que la historia del Café Central se entroncaba con los de Málaga. Más tarde llegó la democracia, el turismo y, desde hace muy poco, la nueva Calle Larios, el Museo Picasso, el Carmen Thyssen, los cruceros… Toda una transformación que supuso un cambio en nuestra carta, en la fisonomía de todo el Centro Histórico, en los gustos de quienes nos visitaban y que hoy en día supone un reto para adaptarnos a nuevos gustos sin perder nuestra tradición centenaria.

Y éste es el porqué...

Son muchos los malagueños y visitantes que se preguntan el porqué de tantos tipos de café en Málaga, y no son tantos los que conocen que esta clasificación comenzó en 1954.

Era época de posguerra, en la que obtener ciertas materias primas era muy complicado como el caso del café, difícil de encontrar y caro. Por aquel entonces D. José Prado Crespo, dueño del Café Central, trabajaba sin parar detrás de la barra y veía cómo cliente tras cliente tenía que o bien tirar café, o bien, volver a hacer otro para adaptarse a los gustos de los mismos. Todo un derroche.

D. José Prado (fundador)

Tras mucho pensar, y como hombre práctico que era, se puso manos a la obra para poner orden en los gustos de sus clientes. Su intención no era otra que hacer un cartel en el que se identificasen cada uno de los gustos que veía tras la barra. En su intento llegó a completar un total de 9 denominaciones, desde el sólo hasta la nube, pero como no le cuadraban para hacer un cartel con dos filas, continuó buscando uno más. Preguntó y preguntó a clientes y conocidos hasta que uno de sus empleados, un gitano graciosos donde los hubiese, dijo: 'Don José, ¿Menos que una nube?... pues para eso no se lo ponga' y, dado que D. José era de carácter fácil y jocoso, decidió incorporar esta gracia al útil mosaico de los cafés.
D. Rafael Prado (actual propietario)

Hoy en día es su hijo, D. Rafael Prado Salas, quien regenta este centenario Café. Es él quien ha modernizado y adaptado la carta al nuevo tipo de cliente, más internacional y variopinto pero, al mismo tiempo, interesado en disfrutar Málaga y sus tradiciones. De su padre ha heredado el gusto por el arte, la música, la tertulia y ese carácter risueño y divertido que tan representativo era de D. José.